Renacer.
No soy quien fui, aquella se ha atenuado y sólo quedó la parte que realmente vale la pena. Y bueno, después del abismo (¿si era así? O lo que sea…) viene la calma, pero una dulce serenidad imposible de remediar, pero no quisiera remediarla. A lo que voy con todo esto: me enamoré. Como diría mi Sabines “no es enamoramiento, es amor”.
En efecto, cualquiera pensaría que es una tontería y no lo niego, el amor es eso. Pero ¡ah! es sublime cada encuentro, cuando lo veo y me pierdo en sus pupilas, encontrándome de nuevo a mi misma, como ave fénix renacida… No me preocupa la finalidad de este amor. Todos los días lo quiero torpemente, divagando, delirando y yo decadente, insomne…
¡Es una dicha! ¡Una enorme alegría!
Se me acabarían las palabras y aún no podría decirle eficazmente lo que mi alma siente, habría que meterse en mi mente, o en mi corazón. Yo no sé, él me enamora como un todo, en esencia. No trato de ocultarlo, si pudiera le besaría ahora mismo.
Pero me evaporo en suspiros.[…]
Rocío Ángeles
